Dans cette anthologie sont réunis 118 écrivains femmes d'Amérique latine qui ont vécu ou vivent en France. Les seize nationalités représentées dans les 380 pages de ce volume, illustrent la fascination qu'exerce la France sur les intellectuels du continent Sud américain depuis le début du XIX ème siècle.
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INTRODUCCION/ INTRODCTION
En esta antología se encuentran reunidas ciento dieciocho escritoras de América Latina que han vivido o que viven en Francia. Las dieciséis nacionalidades diferentes representadas en esta antología son la prueba de que los países latinos comparten la misma fascinación por Francia. Este rasgo común se explica por un acontecimiento histórico ligado a sus orígenes republicanos. A principios del siglo XIX llegan de Francia los ideales humanistas del siglo de las luces con las consignas de emancipación de la Revolución de 1789 : "Libertad, igualdad, fraternidad”, que las futuras naciones latinoamericanas hacen suyos. Dos figuras emblemáticas de la modernidad francesa se promueven entonces: Juana de Arco y Mariana símbolos de la libertad y de la razón.
Con el nacimiento de la democracia francesa con respecto a la diferencia social de sexos, la imagen de Francia es tan prestigiosa que las familias de la alta sociedad americana educan a sus hijas bajo el sistema educativo francés. Escritoras como Flora Tristan (1803-1844), precursora del feminismo socialista, y George Sand (1804-1876) quien impulsa reformas políticas sobre la condición de la mujer en Francia, participan a la difusión de las ideas de emancipación de las mujeres.
Después de su estadía en Francia, las jóvenes latinoamericanas regresan a sus respectivos países llevando consigo además de esta carga ideológica, un anhelo de libertad consolidado. Unas con sus cónyuges, los cuales muchas veces ocupan importantes puestos diplomáticos. Es el caso de la colombiana Soledad Acosta de Samper (1833-1913), autora de la novela Dolores (1869) conocida por su fecunda producción literaria y por su obstinada lucha por la emancipación femenina[1], lo mismo ocurre con la boliviana Lindaura Anzoátegui (1846-1898), la argentina Eduarda Masilla (1835-1892), la poeta modernista, peruana Zoila Aurora Cáceres (1872-1958). Otras menos conformes regresan al París de Colette (1873-1954) porque no pueden adaptarse a una vida regida por el peso de los valores morales conservadores de la tradición cultural española. Victoria Ocampo (1890-1979) es una de ellas. Divorciada, al cabo de un año se radica en París donde lleva la vida que desea, dedicada sólo a la literatura como se pude apreciar en su relato autobiográfico Testimonios, 1952. Así crea la revista “Sur”, París, 1930, uno de los primeros, por no decir el primer medio de importancia para la promoción de los escritores latinoamericanos en Francia y en América Latina. Más tarde, como ella, también crean otras revistas su compatriota, la poeta Elvira de Alvear (1891-1959): Imán, París, 1934, y la poeta uruguaya Susana Soca (1906-1959): Le Cahier de la Licorne, París, 1947. La autora de la novela Ifigenia (1928), representante de la “Nueva narrativa” la venezolana Teresa de la Parra (1889-1936) nacida en París, también escoge la Ciudad Luz para vivir y opta por una vida célibe, algo verdaderamente extravagante en la sociedad de su época; lo mismo sucede con la precursora del realismo mágico autora de Cuentos negros de Cuba (1934), la cubana Lydia Cabrera (1899-1999). Estamos en plena revolución feminista con Madeline Pelletier (1874-1939) autora entre otros de La educación feminista de filles, (1934), La femme vierge, novela, (1933). La chilena Teresa Wilms Montt (1893-1921) ofrenda su vida a esa libertad parisina que le negaba su medio puritano. A muchas de ellas la muerte las sorprende en Francia, como le sucede a la modernista guatemalteca, la poeta Maria Cruz (1876-1915), a la salvadoreña Consuelo Suncín (1901-1992) y a la colombiana Marvel Moreno (1939-1995), una de las iniciadoras de la “Escritura de género” quien decide no regresar a su tierra.
Francia se constituye desde un comienzo en la patria de las mujeres que se ven obligadas a abandonar sus propios países ante la intolerancia, la indiferencia social y la persecución política. La persecucion política es el motivo de exilio de escritora la mexicana Elena Garro (1917-1998) autora del relato Andamos huyendo Lola (1980). Como ella, toda una generación de creadoras provenientes del Cono Sur llegan a Paris, en plena euforia de la revolución cultural del 68, en donde se lee El segundo sexo (1949) en el cual Simone de Beauvoir examina la condición femenina, desde las perspectivas biológica y social, y esboza las vías que llevan a la liberación femenina.
Desafortundamente no todas las autoras que han vivido en Francia figuran en esta antología como es el caso de la uruguaya Josefina Lerena Acevedo (1889-1967) de quien no hemos logrado recuperar ninguno de sus textos[2]. Esto igualmente pudo haber ocurrido con Elvira de Alvear, de quien existen muy pocas referencias bibliográficas. Su nombre aparece asociado a la revista Imán, creada en París en 1931 y es mencionada por su secretario de redacción, el escritor cubano Alejo Carpentier. Elvira de Alvear también aparece relacionada con el escritor argentino Jorge Luís Borges quien tiene un poema que el nombre de la poeta. Alvear es reconocida como una de las más importantes musas del escritor. Al parecer en la bilioteca Complutense de Madrid se encuentra el único ejemplar de uno de sus libros[3].
No he podido incluir a muchas escritoras que han hecho estudios en Francia, tampoco a todas aquellas que han pasado por Francia en varias ocasiones ya sea invitadas por universidades [4] o para el lanzamiento de alguno de sus libros, particularmente en las dos últimas décadas. La fascinación por Francia sigue vigente, incluso en muchas mujeres que, aunque nunca lograron vivir en el país de Olympe de Gouges, (“Derechos de la mujer y de la ciudadana”, 1791), sus obras fueron publicadas en este país sonado, como es el caso de la poeta boliviana Adela Zamudio (1854-1928).
Esta antología es una etapa importante de mi trabajo sobre la escritura latinoamericana en Francia la cual toma forma a partir de la creación de la editorial Indigo y Côte-femmes (1986). El encuentro virtual de las escritoras en esta antología editada en Francia, propone mostrar el proceso de emancipación de la palabra femenina y de la búsqueda de su autenticidad. En ella se puede vislumbrar la mirada de las mujeres en relación con su propia condición, lo cual da paso al necesario proceso de deconstrucción de aquellas categorías genéricas que transforman a la mujer en objeto; y es precisamente tanto la variedad como la riqueza de la obra literaria de las escritoras latinoamericanas lo que abre una nueva perspectiva para los estudios literarios latinoamericanos. La puesta en circulación de esta parte importante de la escritura de América Latina, también permite promover la investigación en torno a la influencia que tienen, por una parte los movimientos femeninos y feministas en Francia y por la otra las escritoras francesas, en el proceso de creación de la escritoras de América Latina a partir del siglo XIX. La escritura de las mujeres aporta una imagen mucho más completa y fiel de la literatura latinoamericana, la cual efectivamente hasta bien entrado el siglo XX ha permanecido amputada de esta gran parte de la producción creadora.
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Ecriture de femmes d' Amérique Latine en France.
Milagros Palma
Dans cette anthologie se trouvent réunis cent dix-huit femmes écrivains d"Amérique Latine qui ont vécu ou vivent en France. Les seize nationalités différentes représentées sont la preuve que les pays latino-américains partagent la même fascination pour la France. Ce trait commun s 'explique par un événement historique relié à leurs origines républicaines. Au début du XIXème siècle arrivent de France les idéaux humanistes du siècle des Lumières accompagnés des consignes d’émancipation de la Révolution de 1789 : « Liberté, égalité, fraternité » que les futures nations latino-américaines s’approprient. Deux figures emblématiques de la modernité française se détachent alors : Jeanne d’Arc et Marianne, symboles de la liberté et de la raison.
Avec la naissance de la démocratie française quant à la différence sociale des sexes, l’image de la France a un tel prestige que les familles de la haute société américaine choisissent, pour l’éducation de leurs filles, le système éducatif français. Des écrivains comme Flora Tristan (1803-1876), précurseur du féminisme socialiste, et George Sand (1804-1876) qui impulse des réformes politiques sur la condition de la femme en France, participe à la diffusion des idées d’émancipation des femmes.
A la suite de leur séjour en France, les jeunes latino-américaines reviennent dans leurs pays respectifs en apportant avec elles, en plus de cette charge idéologique, une grande soif de liberté, quelques unes avec leurs conjoints qui occupent souvent d’importants postes diplomatiques. C’est le cas pour la colombienne Soledad Acosta de Samper (1833- 1913) auteure du roman Dolores (1869) connue pour sa féconde production littéraire et pour son combat obstiné pour l’émancipation féminine (1), et il en est de même pour la bolivienne Lindaura Anzoategui (1846-1898), l’argentine Eduarda Masilla (1835-1892), la poétesse moderniste péruvienne Zoila Aurora Caceres (1872-1958). D’autres, plus opposées, retournent dans le Paris de Colette parce qu’elles ne peuvent s’adapter à une vie régie par le poids des valeurs morales conservatrices de la tradition culturelle espagnole. Victoria Ocampo (1890-1979) est l’une d’entre elles. Divorcée, au bout d’un an elle s’établit à Paris où elle mène la vie qu’elle désire, entièrement consacrée à la littérature, ce que son récit autobiographique Testimonios (1952) permet d’apprécier . C’est ainsi qu’elle crée la revue Sur (Paris, 1930), l’un des premiers, pour ne pas dire le premier, organes de promotion des écrivains latino-américains en France et en Amérique Latine. Plus tard, d’autres comme elle lancent de nouvelles revues : c’est le cas pour sa compatriote, la poétesse Elvira de Alvear (1891-1959 : Iman, Paris 1934) ou la poétesse uruguayenne Susana Soca (1906-1959 : Le Cahier de la Licorne, Paris 1947). Auteure du roman Ifigenia (1928) représentant la « Nouvelle Narration », la vénézuélienne Teresa de la Parra (1889-1936) -née à Paris- choisit également la Ville Lumière pour s’installer et vivre en célibataire, ce qui est véritablement extravagant pour la société de son époque ; il en va de même pour la cubaine Lydia Cabrera (1899-1999), précurseur du réalisme magique, auteure de Cuentos negros de Cuba (1934). Nous sommes alors en pleine révolution féministe avec Madeline Pelletier (1874-1939) auteure entre autres de L’éducation féministe des filles (1834), du roman La femme vierge (1933). La chilienne Teresa Wilms Montt (1896-1921) dédie sa vie à cette liberté parisienne que lui refuse son milieu puritain. Nombre d’entre elles sont surprises par la mort en France : c’est ce qui arrive à la poétesse moderniste guatémaltèque Maria Cruz (1876-1915), à la salvadorienne Consuelo Sunsin (1901-1992), et à la colombienne Marvel Moreno (1939-1995), une des initiatrices de l’ « Ecriture de genre » qui décide de ne pas retourner dans son pays.
La vie politique également est un autre motif d’exil pour les écrivains comme la mexicaine Elena Garro (1917-1998) auteure du récit Andamos huyendo Lola (1980). Toute une génération de créatrices issues du cône sud arrive à Paris, en pleine euphorie de la révolution culturelle de 68, où l’on lit Le deuxième sexe dans lequel Simone de Beauvoir examine la condition féminine selon les perspectives biologique et sociale et esquisse les voies qui mènent à la libération des femmes.
Les auteures qui ont vécu en France ne figurent pas toutes dans cette anthologie : c’est le cas pour l’uruguayenne Josefina Lerena Acevedo (18889-1967) de laquelle nous n’avons réussi à récupérer aucun texte (2)
. C’est également arrivé avec Elvira de Alvear de qui existent très peu de références bilbiographiques. Son nom apparaît associé à la revue Iman, créée à Paris en 1931, et elle est citée par le secrétaire de la rédaction, l’écrivain cubain Alejo Carpentier. Elvira de Alvear apparaît également en relation avec l’écrivain argentin Jorge Luis Borges dont un des poèmes porte son nom. Et dans sa biographie, il reconnaît Altear comme une de ses muses les plus importantes. Apparemment, le seul texte qu’elle ait édité se trouve à la bibliothèque Complutense de Madrid(3).
Je n’ai pu inclure de nombreuses écrivaines qui ont étudié en France ainsi que bon nombre de celles qui sont passées par la France à plusieurs occasions, soit invitées par des universités (4) soit pour la promotion de quelques uns de leurs livres, en particulier lors de ces vingt dernières années. La fascination pour la France reste forte même chez des femmes qui, bien qu’elles n’aient pu vivre dans le pays d’Olympe de Gouges (« Les droits de la femme et de la citoyenne », 1791), ont vu leurs œuvres publiées dans ce pays : tel est le cas de la poétesse bolivienne Adela Zamudio (1854-1928).
Cette anthologie est une étape importante de mon travail sur l’écriture latino-américaine en France et qui prend forme à partir des éditions Indigo et Côté-femmes. La rencontre virtuelle des écrivaines de cette anthologie éditée en France se propose de montrer le processus d’émancipation de la parole féminine et de la recherche de son authenticité. On y peut entrevoir le regard des femmes sur leur propre condition, ce qui ouvre la voie au nécessaire processus de déconstruction de ces catégories génériques qui font de la femme un objet ; et c’est autant la variété que la richesse de l’œuvre littéraire de ces écrivaines qui découvre une nouvelle perspective pour les études littéraires latino-américaines. La mise en circulation de cet important aspect de la littérature d’Amérique Latine permet aussi de promouvoir la recherche sur l’influence qu’exercent d’une part les mouvements féminins et féministes en France et d’autre part les écrivaines françaises sur le processus créatif des écrivaines d’Amérique Latine à partir du XIXème siècle. L’écriture des femmes donne une image beaucoup plus complète et fidèle de la littérature latino-américaine qui, effectivement jusque très tard dans le XXème siècle, est restée amputée de cette grande partie de la production créatrice.
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1. Elle publie des bulletins sur l’éducation de la femme.
2. Je me suis vue obligée de……………………………………………………………………………………………………………..Ce fut concrètement le cas pour la colombienne Alba Lucia Angel. Cependant cette situation n’est que provisoire. Dans une prochaine édition, j’aurai sans aucun doute le texte nécessaire pour donner une vision de l’écriture de l’auteure.
3. Lidia Elias Seragé (Venezuela) qui m’a donné son livre Semana del fin de siglo (1999), la poétesse Media Blanco (République Dominicaine), Vivian Cordero (Equateur), Leonie Shur (Nicaragua), Iris Sepulveda (Chili) avec qui j’ai perdu contact.
4. Comme Noemi Ulla (Argentine), invitée par les professeurs Milagros Ezquerro et Michèle Ramond et qui a laissé une trace indélébile à la bibliothèque de Caen. Gloria Guardia (Panama), Angélica Gorodischer (Argentine), Reina Roffé (Argentine), Laura Restrepo (Colombie, Prix Sor Juana Inés de la Cruz 1995, édition Côté –femmes 1992), Elena Araujo (Colombie), Rosa Maria Britton (Panama), Gioconda Belli (Nicaragua), Consuelo Trivino (Colombie).
Trduit par Pierre rubira
[1] Publica sus folletos sobre la educación de la mujer.
[2] Digo mínimo me he visto obligada n hacer una entrada con pocas frases de alguna cita hecha por una investigadora. Este ha sido el caso concreto de la Colombiana Alba Lucia Ángel. Sin embargo esta situación es solo provisional. En una próxima edición tendré con seguridad el texto necesario para hacer una entrada que de una visión de la escritura de la autora.
[3] Lidia Elias Seragé (Venezuela) quien medio su libro Semana del fin de siglo, 1999, la poeta Delia Blanco (Republica Dominicana), Vivian Cordero (Ecuador), Léonie Shur (Nicaragua), Iris Sepúlveda (chile) con quien perdí el contacto.
[4] Como Noemí Ulla (Argentina), invitada por las profesoras Milagros Ezquerro y Michele Ramond, y que ha dejado una traza indeleble en la bibliotteca de Caen. Gloria Guardia (Panamá) Angélica Gorodischer 5argentina), Reina Roffé (Argentina), Laura Restrepo (Colombia, Premio sor Juana Inés de la Cruz, 1995 credo por las ediciones côté-femmes en 1992), Elena Araujo (Colombia), Rosa Maria Britton (Panamá), Gioconda Belli (Nicaragua), Consuelo Trivino (Colombia).
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